Tardes de lucha estudiantil

Tenemos 20, 24, 19, 22 años. Venimos de veterinaria, biología y agronomía. Estamos allá, muy allá, donde Zapopan se desdibuja y comienza una fosa clandestina, a la deriva de la carretera infinita.

Escrito por Isaac Jimenez, Alternativa Socialista (PIMR en México).

Nos gusta cantarle al bosque, hundirnos en el mar, acariciar el alma de otras formas de vida. Nos llenamos de belleza cuando el maíz reverdece tras la sequía, o cuando un cachorro sana la patita que curamos con ternura.

Somos jóvenes que en las tardes se fugan a mirar el atardecer morado-rosa, o a perderse en los ojos de aquella muchacha que gritaba con fuego eterno: “no somos criminales, somos estudiantes”. Con la misma pasión del canto de un quetzal, o de una consigna que corre junto al compañero.

Reímos largo, reímos fuerte. Una risa ligera y contagiosa que resistía incluso aquella noche, después de que los changos nos sacaron a golpes de rectoría. Y aun así seguíamos enraizados en la certeza de que otro mundo es posible, con la profundidad de las raíces de las orquídeas.

Sí, señor: somos flores del desierto, caléndulas, nopal, mammillarias. Somos asamblea, huelga, lucha. Pero también somos mar y bosque, fruto, rebeldía, semilla de un mundo nuevo.

Recibimos un mundo podrido, gris, saturado de cemento y vendido como progreso. Un mundo de ferias del libro que invitan a países genocidas, y de democracias amañadas de los mismos changos que nos golpean a los estudiantes desde los 70s. Estamos hartos, asqueados. No nos caben ya sus discursos leídos sin corazón. ¿Qué se siente venderse al mejor postor?

Pero ya no, señor. La semilla germinó. Es momento de fertilizar esta tierra herida, de cuidarla con el mismo amor con que nos cuidamos aquella noche en el CUCSH, o ese día en que reímos hasta dolernos de panza. Es momento de cuidarnos y de cambiarlo todo, de reverdecer, de ser flor otra vez.

Porque sí: te miro y me miro, y en estos ojos comunes reconozco la esperanza de otro mundo posible.