ÓRGANO DE DIFUSION MEXICANO DE MARXISMO REVOLUCIONARIO - REVISANDO PRINCIPIOS Y PRACTICAS — 15 octubre, 2026

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La administración Trump se une a Japón en el apoyo al yen

La administración Trump aprobó e implementó recientemente medidas para apoyar el yen. Nuestra corresponsal habló con Iri en Tokio, miembro del Sindicato General de Trabajadores de Shinjuku (Zenroren), sobre cómo ve la situación.

Escrito por Iri, Japón.

La decisión de la administración Trump de unirse a Japón para apoyar el yen es muy importante, tanto para la propia administración Trump como para el nuevo gobierno de Takaichi. Ilustra una mayor profundización de la coordinación económica y política entre el imperialismo japonés y el estadounidense. La debilidad del yen tiene varias causas. Uno de los factores inmediatos más importantes es la persistente brecha de tipos de interés entre Japón y Estados Unidos, que fomenta los carry trades (bicicleta financiera) financiados con yenes. Esto interactúa con el legado a largo plazo de una política monetaria extremadamente acomodaticia y las preocupaciones sobre la situación fiscal de Japón. La intervención cambiaria puede sostener temporalmente al yen, pero no puede resolver por sí sola estas presiones subyacentes.

Interdependencia Japón/EE. UU.

Japón sigue siendo el mayor tenedor extranjero de deuda pública estadounidense, con más de 1 billón de dólares en valores del Tesoro estadounidense. Si Japón se viera obligado a vender grandes cantidades de bonos del Tesoro para financiar intervenciones repetidas que apoyen el yen, esto podría ejercer presión al alza sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y aumentar los costes de endeudamiento estadounidenses. Por tanto, Estados Unidos también tiene interés en prevenir una crisis desordenada del yen. Definiría este tipo de relación como una interdependencia asimétrica dentro del imperialismo. Estados Unidos sigue siendo mucho más fuerte que Japón política y militarmente, pero sus sistemas financieros e intereses capitalistas están, sin embargo, profundamente interconectados.

La situación también debe verse desde una perspectiva política y de desarrollo. La relación Japón/Estados Unidos es fuerte, pero el imperialismo estadounidense se enfrenta ahora a una situación difícil en Irán y Oriente Medio, además de ser desplazado gradualmente del mercado global por países como China. Esto ocurre en un momento en que muchos estadounidenses ya sienten los efectos negativos de las políticas de Trump, especialmente en la antesala de las elecciones de mitad de mandato.

Estados Unidos, hasta ahora, ha utilizado el poder abrumador del dólar y su capacidad para acceder a los mercados internacionales para permitir que la clase capitalista estadounidense se expanda internacionalmente construyendo empresas globales y obteniendo grandes beneficios en el proceso.

Uno de los retos a los que se enfrenta es la aparición de una nueva red de pagos liderada por los BRICS basada en el yuan. La influencia de Estados Unidos basada en el dólar internacional está sin duda debilitándose. En tal situación, una opción que Estados Unidos puede usar para reforzar el apoyo al dólar es apoyarse en países como Japón, donde puede ejercer fácilmente influencia económica y política.

Flujo de capital bidireccional

Japón y Estados Unidos están profundizando sus lazos económicos y políticos. Como parte del acuerdo arancelario, Japón se ha comprometido a movilizar hasta 550 mil millones de dólares mediante inversión, préstamos y garantías para proyectos estratégicos en Estados Unidos. Instituciones estatales japonesas como JBIC y NEXI están involucradas junto a bancos privados y corporaciones, mientras que SoftBank es un ejemplo importante de la creciente integración del capital japonés en la inversión en tecnología de IA e infraestructuras estadounidenses.

Al mismo tiempo, el capital se mueve en dirección opuesta. Grandes inversores estadounidenses también están realizando grandes inversiones en infraestructura japonesa de IA y centros de datos; Blackstone es un claro ejemplo. Describiría esto como una forma de exportación recíproca de capital mediada por el Estado: exportación de capital entre potencias capitalistas avanzadas que está activamente organizada o apoyada por los Estados. Creo que esto proporciona una interesante forma contemporánea del problema clásico que Lenin identificó en torno al capital financiero y la exportación de capital.

Mientras que la industria exportadora japonesa en general se beneficia del yen barato, la industria automovilística japonesa, que sufre los aranceles de Trump y la seria competencia de fabricantes chinos más avanzados tecnológicamente, se encuentra en un estado bastante catastrófico. Quizá solo el débil yen esté proporcionando un salvavidas.

Por estas razones, Takaishi, junto con una gran parte de los capitalistas financieros e industriales y los políticos liberal demócratas que dominan la política japonesa, ven la depreciación del yen como beneficiosa, especialmente porque atrae inversión de empresas estadounidenses de TI.

Este es un punto importante al hablar del imperialismo moderno. La exportación de capital no debe entenderse solo como un movimiento unidireccional de países imperialistas hacia el Sur Global. La inversión directa acumulada está fuertemente concentrada en economías avanzadas, y la inversión entre economías capitalistas avanzadas es en sí misma una parte importante del inventario global. La exportación mutua de capital entre economías capitalistas avanzadas sigue siendo, por tanto, una característica estructural importante del capitalismo contemporáneo.

Mientras tanto, la gente corriente y la clase trabajadora sufren por tener que pagar un extra por las importaciones, principalmente bienes nacionales y alimentos. La inflación se está acelerando. 

Centros de datos

Los grandes centros de datos que ya he mencionado son un ejemplo de esta inversión entrante. La IA se está desarrollando extremadamente rápido, aunque su profunda integración en los lugares de trabajo japoneses sigue siendo relativamente limitada, por lo que muchas de sus consecuencias para el empleo y las condiciones laborales apenas están empezando a manifestarse.

Estos proyectos incluyen planes para construir centrales ‘mini-nucleares’ que los alimenten. A pesar de quedarse sin espacio de almacenamiento para combustible nuclear gastado, el país ha estado reabriendo sus reactores nucleares, especialmente la Unidad 6 propiedad de TEPCO en Kashiwazaki-Kariwa, que ha estado cerrada desde el terremoto y tsunami hace quince años.

Al mismo tiempo, el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, ha estado pidiendo un debate sobre la disuasión nuclear y las armas nucleares “sin tabúes”. Esto a pesar de que todavía existe un fuerte movimiento antinuclear en Japón, especialmente en contra del uso de armas nucleares. La oposición ha sido marginada por el parlamento, incluyendo la mayoría de los partidos de oposición que apoyan la reapertura de las centrales nucleares.

Algunas comunidades ya están expresando preocupaciones sobre las consecuencias medioambientales y sociales de los centros de datos. El problema es que estas luchas permanecen fragmentadas y localizadas. Existen movimientos contra proyectos de construcción, contra la energía nuclear y contra otras formas de destrucción ambiental, pero aún no están suficientemente conectados en un movimiento nacional más amplio.

Una tarea importante para la izquierda es conectar estas luchas locales con una política más amplia de justicia climática y mostrar cómo las cuestiones de energía, desarrollo y costes medioambientales están interrelacionadas con el capitalismo y el imperialismo. La cuestión no es simplemente si el desarrollo se produce, sino quién se beneficia de él, quién soporta sus costes y quién tiene el poder de decidir.