Manosfera, la reacción capitalista a la oleada feminista

El asesinato de Jesús Israel de 16 años el 22 de septiembre pasado en el CCH Sur a manos de otro estudiante del Colegio, Lex Ashton de 19 años, ha puesto sobre la mesa la discusión sobre la violencia machista y los llamados ‘incels’, abreviatura de involuntariamente célibes. Así como de las redes sociales y la ‘manosfera’, un espacio virtual en el que influencers conservadores aconsejan a jóvenes cómo ‘ser exitosos’ invirtiendo en finanzas mientras difunden ideas misóginas de extrema derecha contra la supuesta ‘ideología de género’. Una respuesta reaccionaría frente a la oleada feminista que en la última década ha recorrido el mundo y frente a la cual tanto las autoridades escolares como la izquierda se han quedado paralizadas. 

Escrito por Alternativa Socialista, PIMR en México.

El temor de miles de estudiantes frente al asesinato de Jesús y  las nuevas amenazas en diversas facultades de la UNAM se extendió como pólvora. Frente a lo cual las autoridades solo atinaron a implementar las clases de manera virtual. En el CCH, por su parte, las autoridades no tardaron en impulsar la instalación de torniquetes con la excusa de salvaguardar la seguridad, pero en el fondo, una medida deseada desde hace décadas con un objetivo de impulsar un mayor control sobre los estudiantes. Más allá de estas medidas superficiales, de nuevo el argumento de la supuesta ‘mano negra que quiere desestabilizar’ a la Universidad fue no solo esgrimido por Rectoría sino por el coro mediático. Desde La Jornada hasta Nexos dejaron claro que poco comprenden lo que ocurre entre la juventud. 

Lo anterior no resulta un aspecto secundario, por el contrario, en lugar de contribuir a comprender lo que está ocurriendo entre los jóvenes y las causas de dicho fenómeno, sólo tiende a oscurecerse y dificultar su comprensión con miras a impulsar medidas adecuadas para atenderlo. Pero ello requiere ver más allá de un problema de seguridad que no se resolverá con torniquetes y revisando mochilas, sino impulsando una discusión de fondo sobre la masculinidad hegemónica, el machismo, la extrema derecha y el capitalismo.

Una reacción patriarcal

Un aspecto central en la discusión es comprender que el masculinismo, ósea la exacerbación de los valores masculinos tradicionales como la agresividad o la violencia, en los últimos años no es un fenómeno casual. Por el contrario, se trata del resultado de la desestabilización de los roles masculinos como consecuencia de la oleada feminista de la última década, frente a la que miles de varones se sienten confrontados, pero con poca claridad de qué camino seguir. Por supuesto, esto de ningún modo es responsabilidad del feminismo ni de las mujeres, sino de la izquierda y en particular de los varones que no han podido construir nuevos referentes masculinos que contribuyan a la construcción de otras masculinidades. 

Un ejemplo claro de ello es la serie Adolescence, en la que una familia se enfrenta precisamente a la detención de uno de sus hijos acusado de un feminicidio. Como la serie muestra, el problema de fondo no es la seguridad como han señalado las autoridades de la UNAM, o la maldad como aseguran otros, sino la falta de referentes masculinos frente a las nuevas formas en que las mujeres se sitúan en el mundo gracias al movimiento feminista. Acusar al feminismo y a las mujeres de ‘debilitar’ a los hombres no es sino una reacción frente a los cambios en las definiciones de género. Ello implica reconocer que los roles de género masculinos y femeninos están construidos para responder a un sistema en el que se insertan y articulan. Es decir, ‘ser hombre o mujer’ no es algo determinado por una u otra característica biológica, sino que se define en términos históricos. Ser hombre o mujer en México en 2025 no es lo mismo que ser hombre o mujer en la Revolución Mexicana o en la Grecia antigua. 

Las movilizaciones de mujeres en todo el mundo durante la pasada década han puesto en evidencia la estrecha alianza entre el patriarcado y el capitalismo, por lo que no en pocas ocasiones las movilizaciones feministas han adquirido componentes abiertamente anticapitalistas como las movilizaciones contra la misoginia de Donald Trump en su primer mandato o contra la ilegalización del aborto. No es casual que los principales promotores del masculinismo sean perfiles abiertamente de derecha como Andrew Tate o el Temach, quienes no solo difunden ideas misóginas con el objetivo de reforzar la masculinidad hegemónica herida por la oleada feminista, sino que promueven estereotipos de género como que los hombres deben ser proveedores y las mujeres dedicarse solamente a los cuidados. 

El caso de Tate es claro, no solo por ser promotor de la misoginia sino también un abierto antivacunas y negacionista del cambio climático, quien fuera capturado entre otras por la denuncia de Greta Thumberg precisamente como consecuencia de una polémica sobre el cambio climático. Tate, además, es acusado de tráfico sexual de menores y violación, entre otros delitos. Es decir, es el estereotipo de la extrema derecha, que dice luchar contra la ‘ideología de género’, que no es más que una restauración de la masculinidad patriarcal capitalista. No se trata de un caso aislado, como Tate podríamos nombrar a un sin fin de figuras que promueven esta imagen masculina decadente, desde el estafador presidente de Argentina Javier Milei, Donald Trump o ‘el Chiharito’ Hernández. 

¿Cómo enfrentar la reacción patriarcal?

Un primer aspecto es reconocer que la reacción de la manosfera, es como la oleada feminista, un fenómeno mundial. Es decir, se trata en toda regla de un fenómeno sistémico pues como hemos señalado, el feminismo ha puesto el dedo sobre una serie de problemas como la brecha salarial en razones de género, la doble jornada o los trabajos de cuidado no pagados que el capitalismo es incapaz de resolver. Eso implica comprender el carácter orgánico de esa reacción, de modo que se pueda establecer un puente entre la lucha contra esa reacción y contra el sistema en su conjunto. Al hacerlo, podemos impulsar una serie de medidas y demandas que se articulen en un programa amplio que responda también de manera sistemática al sistema. 

La precariedad laboral, la falta de seguridad social, educación, vivienda o la precaria atención de la salud mental se han convertido en un agobio para miles de personas, especialmente los jóvenes, que buscan alternativas fáciles para enfrentar la falta de oportunidades. De ahí que cientos o miles de jóvenes busquen en la inversión financiera y el coaching un medio fácil para incrementar sus precarios ingresos, y donde se encuentran precisamente con los promotores de la misoginia y de la extrema derecha. Por ello, la lucha contra el machismo pasa también por la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores en su conjunto, por mejores salarios, por mejores condiciones en la vivienda, por la ampliación de la educación pública o por el desarrollo de programas integrales de salud mental.

Lo anterior implica desarrollar una fuerza que adopte un programa amplio de demandas que articuladas respondan al conjunto de problemas a los que nos enfrentamos el pueblo trabajador. Contrario a quienes señalan que la reivindicación de las demandas de la comunidad LBTQ+ o de las personas racializadas como ‘izquierda woke’, los marxistas comprendemos la articulación que existe entre la discriminación por raza o identidad sexo genérica y el capitalismo. Los capitalistas por más banderas de arcoíris que se pongan no pueden atentar contra el sistema que les favorece. Por eso es que en los últimos años, especialmente tras la pandemia de Covid-19, hemos sido testigos del endurecimiento de la derecha y la extrema derecha con un programa que pretende negar la diversidad. Ejemplo de ello es la radicalización de la extrema derecha con un programa abiertamente antiderechos LGBTQ+, antiaborto y antimigrantes. No se trata de fenómenos aislados, sino de un fenómeno orgánico, es decir, de una respuesta en defensa del propio sistema capitalista.