¡Justicia para María y Tatiana! La manosfera y la cultura incel son las responsables de nueva oleada de violencia machista

El 24 de marzo el Osmar N. de 15 años terminó con la vida de dos maestras de la escuela preparatoria Antón Makarenko en Lázaro Cárdenas, Michoacán. Los feminicidios de las docentes María del Rosario y Tatiana se entrelazan con el contexto de violencia, vulnerabilidad, y misoginia que se agudiza en el país. 

Escrito por ROSA México, Rosa Feminismo Socialista Internacional.

María del Rosario Sagredo Chávez y Tatiana Madrigal Bedolla tenían 36 y 37 años respectivamente, ambas mujeres jóvenes cuyas vidas fueron arrebatadas. María y Tatiana asistieron a trabajar como lo hacemos miles de nosotras pero, como suele suceder en este país, no pudieron regresar a sus hogares sanas y salvas. Ambas docentes fueron víctimas de un sistema que se sostiene de la crueldad, que nos educa en la violencia, el odio y la deshumanización de nuestros semejantes. El doble feminicidio cometido por Osmar N. no es un caso aislado, sino una muestra de resentimiento y violencia extrema que se gesta en nuestro entorno.

La manosfera, un debate público y urgente.

Debido a publicaciones previamente realizadas por Osmar contra las docentes, se sabe que las motivaciones del crimen están motivadas por la cultura ‘incel’ (involuntariamente célibe) y lo que se ha denominado la “manosfera”, que reivindican y radicalizan la masculinidad patriarcal y la violencia machista frente al avance del movimiento feminista de la última década. Según estos, el rechazo que viven los varones no es responsabilidad de estos y su incapacidad para establecer relaciones personales y afectivas con otras personas (producto del propio patriarcado), sino responsabilidad del feminismo que ha empoderado a las mujeres y puesto en cuestión su masculinidad. 

La manosfera ha venido acompañada también de propaganda conservadora, misógina y proempresarial, que remarca las “cualidades” y roles “naturales” u “biológicos” que deben cumplir hombres y mujeres para ser tales. Alegando contra las opresiones y lo que se ha denominado “cultura woke”, que básicamente implica que niegan el reconocimiento de la humanidad de toda persona no blanca, heterosexual, cisgenero, propietaria de capital y, por supuesto, que no sea hombre biológico. 

Lo que ha ocurrido en la preparatoria Antón Makarenko no es una anomalía sino una tendencia. En septiembre del año pasado un homicidio similar ocurrió en el CCH Sur de la UNAM que propicio una discusión sobre la manosfera y la cultura incel (ver Manosfera, la reacción capitalista a la oleada feminista). Los estándares dañinos e inalcanzables planteados por esta comunidad han tenido sus efectos, especialmente en hombres jóvenes sin herramientas para vincularse de maneras menos violentas y humanas, que terminan reproduciendo y acentuando la masculinidad violenta aprendida. 

Si bien los casos mencionados han culminado en la forma más extrema de violencia que puede darse en razón de género, la manosfera también ha alimentado otro tipo de agresiones que han permanecido invisibilizadas por largo tiempo en las legislaciones que pretenden combatir los crímenes de odio y en razón de género. El caso de la maestra Valeria Macías resonó recientemente en el país debido a la reforma al código penal de Nuevo Léon en materia de feminicidio que lleva su nombre. La Ley Valeria sanciona el acecho, delito que califica para aquellas conductas que de manera reiterada atentan contra la integridad física y mental de una persona. En la denuncia de Valeria no se obtuvo justicia puesto que la reforma no es retroactiva, pero pone en papel una de tantas agresiones que persisten en lo cotidiano para que otras personas puedan proteger sus vidas.

El motivo por el que la discusión sobre la manosfera y el peligro que implica alimentarla es tan poco visibilizada, se debe en parte a la concepción de la violencia machista como natural, algo propio de nuestra cultura. A ello se suma el marco generacional y la creencia de que es necesario regresar a “lo de antes”, un tipo de nostalgia y revival de la misoginia con la que nos formamos. Y por tanto el rechazó a tratar e interactuar de manera no violenta con otras personas, sean mujeres, otros hombres o personas LGBTQ+. Es decir, en última instancia es sencillamente un intento por seguir reproduciendo la violencia machista contra la que millones de mujeres se han manifestado en la última década. 

En medio de esta situación, figuras como el Temach, Ricardo Salinas Pliego y Chumel Torres han minimizado los hechos generando una serie de burlas contra la tendencia creciente. Así mismo, la oleada feminista logrado algunos avances y señalado la relación entre patriarcado y capitalismo, como sistemas articulados que se benefician mutuamente. También ha denunciado la incapacidad del Estado capitalista para atender con eficiencia las demandas de una población precarizada, explotada, racializada y no hegemónica. 

Por lo anterior, descalificar, criminalizar  y revictimizar al movimiento feminista es un trabajo en el que los sectores más reaccionarios se han empeñado arduamente, porque  frases como “las mujeres sí tienen la culpa de que se arruinen las vidas de los hombres, aunque no haya que matarlas por eso” son más comunes de lo que imaginamos. Hoy ya es común escuchar y observar la vasta difusión de estos discursos misóginos y sexistas en portales web, grupos y chats donde se cultiva la cultura incel. 

Las pedagogías de la crueldad, sostén de la sociedad capitalista y patriarcal.

Los actos cometidos por Osmar se sitúan en un territorio donde son frecuentes los actos como la tortura, el secuestro, los enfrentamientos armados entre el ejercito y los grupos criminales. Rita Segato señalaba que existe una formación violenta de los individuos dentro del capitalismo,  en el que los hechos más cruentos son herramientas de aleccionamiento, el derramamiento de sangre es un ejercicio lucrativo y educativo en favor del sistema. Así la violencia contra los oprimidos es el medio más efectivo para garantizar que los mecanismos de expoliación y explotación permanezcan beneficiando a la burguesía, todo lo existente es territorio de conquista, incluyendo a las personas.

Los incels son hijos de esta búsqueda de validación y reafirmación personal en el capitalismo y la masculinidad violenta, según el cual es necesario aleccionar, disciplinar o someter a las mujeres y otras personas oprimidas, y colocarles en el sitio que consideran deben ocupar. Aún si tienen más en común con esas personas que con las figuras que emiten estos discursos de odio como Salinas Pliego. En ese sentido, uno de los grandes problemas es que en la izquierda se ha puesto poca atención a la construcción de referentes que sirvan de ejemplo para construir relaciones de hombres y mujeres sin violencia. Basta señalar, como ejemplo lamentable, la protección de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados para que no fuera desaforado Cuahutemoc Blanco, quien se enfrenta a un proceso judicial por violación.  Es decir, Morena en lugar de dar un ejemplo contra la violencia de género termina protegiendo a un violentador.  

¿Atender a las causas?

En noviembre del año pasado se anunció el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, el cual busca prevenir y combatir la violencia en dicho estado. Una línea de acción central dentro del plan es la “atención a las causas”, que se supone que intenta garantizar sean atendidos los problemas estructurales que benefician a las estructuras criminales o promueven actos delictivos. No obstante, las medidas apenas ponen atención sobre las juventudes y los conflictos que las atraviesan, mientras que la mayor parte del documento y de la propia conferencia realizada en torno a este enfatiza la militarización y la presencia de cuerpos policiales en los espacios públicos.

Atender la educación, brindar apoyos económicos y la prevención contra las drogas son esfuerzos valiosos por parte del gobierno federal y del estado de Michoacán, no obstante resultan limitados sino establecen un diálogo real con quienes se busca beneficiar. Las aulas también son espacios de conflicto y confrontación, en contextos como el michoacano resultan cajas de resonancia de las problemáticas que acontecen en la comunidad,  los cuales por sí mismos no garantizan la seguridad de las y los estudiantes. No es casual que las agresiones tanto en las instalaciones de la preparatoria Antón Makarenko como en el CCH Sur, hayan sucedido en espacios educativos. 

Las escuelas son lugares de socialización en que muchas personas se desenvuelven por primera vez, por ello suelen reflejar también las condiciones sociales del exterior. Para atender las causas hay que considerar la manera de romper los ciclos de violencia, no esperar que las y los docentes resuelvan un problema estructural. Se requiere reconocer el papel de los medios, las redes sociales, la situación en los barrios y colonias, el país y en las familias mismas. De este modo, fomentar que los jóvenes hablen de los problemas a los que se enfrentan, sus inquietudes, sus necesidades y la búsqueda de soluciones de manera organizada y colectiva.

Como feministas socialistas es necesario continuar señalando la deshumanización a la que somos sometidas las mujeres y las personas de la comunidad por los discursos de odio. Discursos que resultan funcionales y promovidos por el capitalismo. Nosotras no somos territorio de conquista ni tampoco seremos amedrentadas y continuaremos luchando contra el capitalismo y su violencia machista. 

¡Justicia para María y Tatiana!