Recesión y aranceles, el desafío para la economía de Coahuila
El pronóstico de una crisis económica en Coahuila es una expresión concreta de la crisis del capitalismo global. Frente al colapso del sistema a nivel internacional la ultraderecha capitaliza el descontento, y la clase trabajadora enfrenta despidos masivos y precarización. Y la tarea inmediata es reconstruir una alternativa combativa de la clase trabajadora que dispute el rumbo político y económico de nuestra sociedad.
Escrito por Freddy Fernandez, Alternativa Socialista (Proyecto por una Internacional Revolucionaria Marxista en México)
El contexto internacional atraviesa un punto de inflexión. La situación global actual no puede entenderse sino como parte de un ciclo más amplio de crisis capitalista. La ralentización económica mundial es una muestra de ello. Al respecto según el Banco Mundial se espera un crecimiento de la economía mundial de 2.7%, un nivel de por sí bajo pero que se espera sea peor para las economías en desarrollo. Según el propio Banco Mundial “el crecimiento de la década de 2020 no ha beneficiado a todos los países, y sin duda no ha sido el tipo de crecimiento que ayudó a sacar de la pobreza extrema a más de 1000 millones de personas en las décadas de 1990 y 2000” (ver La resiliencia económica mundial oculta perspectivas de crecimiento desiguales).
En Coahuila, estos procesos ya se manifiestan con claridad, la región se encamina a una recesión técnica mientras miles de trabajadores pierden su empleo debido a la contracción de la demanda de trabajo. Ejemplo de ello es la reducción del número de asegurados en el IMSS, que sufrió una caída de 42 mil personas entre octubre de 2024 y diciembre de 2025. Esto significa unos 2,800 desempleos al mes. Los ajustes en General Motors en Ramos Arizpe o el cierre de Altos Hornos de México, declarada en quiebra en noviembre de 2024 tras el incremento de los aranceles al acero en Estados Unidos, es una muestra clara de lo anterior. Comprender de dónde viene esta crisis y cómo se expresa en distintos países es clave para identificar su raíz común y, sobre todo, para preparar una respuesta desde la clase trabajadora.
En México, el nearshoring resultado de la guerra comercial entre Estados Unidos y China permitió una recuperación temporal tras la pandemia y la expansión de ciertos derechos laborales. Pero, como toda solución capitalista, tiene un límite, y es que dependen de la demanda externa y de la estabilidad política a nivel mundial. Las nuevas políticas arancelarias de Donald Trump amenazan con desmantelar ese proceso. Coahuila, y el resto de la franja industrial del norte, es una de las regiones más afectadas por estos aranceles. General Motors perdió mil millones de dólares en el primer semestre; Stellantis, 2,700 millones; y el 7 de octubre, el Grupo Industrial Saltillo anunció una caída del 10% en sus ganancias debido a los aranceles.
En Coahuila, el impacto económico ya está en marcha. Solo en 2025, el sector automotriz y siderúrgico ha perdido más de 6,500 empleos, según datos de El País. Las cifras son alarmantes, y la lista de despidos es brutal: Wrangler despidió a más de 2,000 trabajadores en La Laguna; MINOSA a 250; Nemak está al borde del cierre con 300 empleos en riesgo; SanLuis Rassini despidió a 300; Arneses y Accesorios de México en Acuña a 1,200; General Motors a 850; Daimler a 700 y entró en parto técnico en la segunda semana de octubre pasado; Trinity a 500, además de implementar paros intermitentes y reducir salarios al 70%; Maxion Inmagusa y Grupo Fox en Castaños a 160; Fujikura a 800 en Piedras Negras; Joyson Safety Systems a 284. En total, más de 6,500 empleos perdidos en 2025, sin contar el colapso de AHMSA en Monclova ni los riesgos inminentes para los trabajadores del clúster ferroviario. La COPARMEX estima otros 3,000 despidos en el siguiente periodo.
La respuesta inmediata de lo que está sucediendo está en los aranceles de Donald Trump y la caída de la tasa de ganancias industriales, que amenazan con frenar el nearshoring. Pero la raíz es que un sistema que depende del sobretrabajo y de las exportaciones competitivas a costa de mano de obra barata, que no puede sostener indefinidamente su crecimiento. Cuando la tasa de ganancia cae por la propia lógica de funcionamiento del sistema, la crisis la paga la clase trabajadora. En este contexto, hablar de alternativas populares no puede limitarse a consignas. Debe traducirse en herramientas concretas de lucha y resistencia, en sindicatos con fondos de huelga, medios independientes que rompan el cerco mediático, redes de apoyo mutuo frente a la carestía y frentes políticos que articulen a los distintos sectores en lucha. Sólo con organización revolucionaria podrá la clase trabajadora enfrentar la ofensiva patronal que ya comenzó.
Lo que se vive hoy en Coahuila y en gran parte del mundo no es simplemente una recesión económica, sino una crisis de dirección política de la clase trabajadora. Mientras la ultraderecha avanza con discursos de odio y las patronales descargan los costos de la crisis sobre los trabajadores, las alternativas progresistas muestran su límite y administran la crisis capitalista, no la transforman. Y si no damos la lucha por nuestras propias herramientas políticas, otros ocuparán ese vacío con proyectos que no toquen los privilegios del capital.
Si los mismos trabajadores no asumimos la tarea de dar la lucha por estas alternativas, nadie lo hará por nosotros. Por eso necesitamos estar en cada espacio donde haya un compañero o compañera dispuestos a dar la lucha: en los sindicatos, en las escuelas, en la calle, en los barrios populares. Y construir una alternativa radical y revolucionaria para la clase trabajadora con organizaciones de base, fondos de huelga y finanzas independientes, redes de apoyo mutuo, medios alternativos que puedan romper el cerco mediático, asistencia legal e incidencia política, asambleas interuniversitarias, interbarriales e intersindicales, etc. Y desde ahí, construir organización que no se quede en la camaradería, sino que se convierta en fuerza real de la clase trabajadora.



