Chicharito: Delantero en la cancha,  defensor del patriarcado.

Hace unos días, a través de sus redes sociales, el jugador de fútbol mexicano Javier “chicharito” Hernández subió una serie de videos con declaraciones que promueven los roles de género bajo el capitalismo, representados en frases como “quieres a un hombre proveedor, pero para ti limpiar es opresión patriarcal”. Declarando en un último video “mujeres, están fracasando, están erradicando la masculinidad”. Promover que las mujeres sostengan el hogar “cuidando, nutriendo, recibiendo, multiplicando, limpiando” no sólo reafirma la opresión de la mujer bajo el capitalismo, también lo posiciona frente a grupos reaccionarios que empujan su reproducción desde diversas plataformas.

Escrito por Irene Flores, Rosa Feminismo Socialista en México.

Por una parte, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) anunció que impondrá una multa económica al delantero de las Chivas Rayadas del Guadalajara, quien también recibirá un apercibimiento. El Club Deportivo Guadalajara tomó acciones correspondientes, según el reglamento interno. La presidenta de la Liga MX femenil, mencionó que la FMF y la Liga MX tienen un protocolo claro y cuentan con una Comisión de Género. Mientras que la Secretaría de las Mujeres del Gobierno de México rechazó la difusión de discursos sexistas, machistas y misóginos. Por su parte la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó la opinión como “muy machista”. 

Estas declaraciones no dejan duda alguna, los discursos del “Chicharito” nacen de la presión por replicar el discurso patriarcal, en el que, la familia tradicional tiene como pilar la división sexual del trabajo y los roles de género. En donde se pone como prioridad las necesidades del hombre y se invisibilizan las de la mujer. Donde el hombre atiende el espacio público y la mujer el privado, y en la crianza el padre se erige como patriarca, autoridad cuyas reglas seguir, y la madre cuidadora, responsable de las tareas domésticas y de cuidados. 

Las declaraciones del Chicharito, parecen en principio como naturales en tanto que se considera que la familia es una comunidad social que poco o nada ha cambiado a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, aunque cueste creerlo, los roles de género no son eternos ni la familia tradicional existe desde el principio de los tiempos. Trabajos como El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Federico Engels, basados en investigaciones de la época como las del antropólogo norteamericano Lewis Henry Morgan, muestran cómo la llamada familia tradicional está asociada a los orígenes de la propiedad privada y la formación del Estado como unidad que la defiende y garantiza. 

La familia es el primer contacto social que tenemos como humanos, y creer que el patriarcado es solo un problema “cultural”, algo que desaparecerá con educación o cambios de mentalidad es insuficiente. La realidad es que el patriarcado, es un requisito para la perpetuación del capitalismo, se sostienen mutuamente y se alimentan de una misma base: la explotación, la desigualdad y opresión. El capitalismo necesita al trabajo doméstico no remunerado para que la economía “funcione”. El patriarcado se asegura de que esta doble opresión recaiga sobre las mujeres de la clase trabajadora. 

No es casual que los mayores promotores del capitalismo, es decir la ultraderecha, impulsen políticas de control sobre los cuerpos de las mujeres. Negar el derecho a decidir sobre la maternidad o precarizar los sistemas de cuidado, no son solo actos de violencia machista, sino estrategias de opresión política y económica. Las fábricas, las oficinas, las empresas y los Estados del mundo, dependen de este sostén silencioso que no aparece en la gráficas de los empresarios, a pesar de que representa el 26.3% del Producto Interno Bruto (PIB) en México, es decir, la cuarta parte del valor económico generado en el país. Está de más decir que sin este trabajo el sistema colapsaría.

Aunado a esto, el “impuesto rosa”, la industria cosmética, las modas, las dietas, lucran con la presión estética que recae en las mujeres, convirtiendo sus inseguridades en mercado, y la publicidad que las sostiene a través de la cosificación de los cuerpos femeninos, convirtiéndolos en objetos de deseo y mercancías a vender.

Tiremos a la portería 

Cuando decimos que queremos derribar al patriarcado, nos referimos de fondo al capitalismo, pues mientras el sistema económico se beneficie de la opresión de género, seguiremos escuchando este tipo de discursos que tienen como finalidad fortalecerlo, reproducirlo.

Es por eso necesario dejar de atacar al patriarcado como problema cultural y no como pilar central del capitalismo. Para romper esta unión, es necesario visibilizar el valor económico de los trabajos de cuidados, así como cuestionar, las políticas encargadas de perpetuar el modelo económico basado en la explotación de los cuerpos de las mujeres.

Luchemos, resistamos y organicémonos para superar el sistema capitalista y patriarcal que sostiene la violencia y la desigualdad.