Altos Hornos de México: lecciones de la rebelión obrera
En los años setenta, la insurgencia obrera estalló en todo el país contra la burocracia y el charrismo sindical. En siderúrgicas como AHMSA, trabajadores organizados impulsaron huelgas mediante asambleas democráticas, desafiando el control de caciques como Napoleón Gómez Sada, padre de Napoleón Gómez Urrutia. La respuesta de los charros fue una represión feroz: balaceras, despidos masivos y terrorismo de Estado. La contraofensiva neoliberal de los noventa, con privatizaciones y precarización laboral completó el saqueo. Hay que conocer las lecciones de este periodo para que el movimiento laboral que parece resurgir en el país no cometa los mismos errores.
Escrito por Freddy Fernandez, Alternativa Socialista México.
De la organización obrera revolucionaria al corporativismo de Estado
Para entender la insurgencia obrera de los años setenta y la represión brutal que enfrentó, es necesario mirar cómo se forjó la tradición de organización revolucionaria en México. Desde finales del siglo XIX, el mutualismo y el anarcosindicalismo hizo eco entre los trabajadores, siendo a partir de esta que se comenzaron a organizar las primeras organizaciones sindicales, que marcaron los primeros pasos del movimiento obrero organizado. Fueron los trabajadores de Cananea y Río Blanco, cansados de las pésimas condiciones laborales, quienes marcaron el punto de inicio de la revolución mexicana durante sus huelgas y alzamientos obreros en 1906 y 1907 respectivamente. Lejos de que la violencia de la guerra revolucionaria acabará con las fuerzas de la clase trabajadora mexicana, la revolución mexicana abrió un nuevo panorama político que permitió el fortalecimiento de sus posiciones políticas. Muestra de esto es que muchas de las grandes organizaciones laboristas y centrales obreras mexicanas se fundaron durante el periodo posrevolucionario del fin de la década de 1910 y 1920, organizaciones como la Casa del Obrero Mundial, la Confederación Regional Obrera Mexicana, la Confederación General de Trabajadores, entre muchas otras organizaciones locales y regionales de diferentes corrientes ideológicas pero con la misma meta de dirigir las crecientes fuerzas de la clase trabajadora mexicana.
Fue esta fuerza la que logró conquistar importantes reformas laborales despues de la Revolucion Mexicana como la jornada laboral de 8 horas, la prohibicion del trabajo infantil, el derecho a la huelga, a la seguridad social y la indemnización por despido injustificado entre otras. Reformas que no fueron resultado de las concesiones de los gobiernos posrevolucionarios, sino conquistas del movimiento obrero organizado que además logró mejoras económicas inmediatas considerables, mediante una gran cantidad de huelgas en compañías como México Tramways, Mexican Light and Power, Mexican Telegraph and Phone y Ferrocarriles Nacionales de México, entre muchas otras.
Era tanta la fuerza que construyeron las organizaciones obreras y laboristas, que partidos como el Partido Laborista Mexicano y la CROM dirigidos por Luis N. Morones, fueron clave para definir los resultados de las elecciones presidenciales durante los años veinte y treinta, que serían modelo para formación de la charril CTM a mediados de los años treinta. La convergencia entre las organizaciones obreras y el poder político del Estado permitieron la consolidación del corporativismo mexicano durante el sexenio de Plutarco Elias Calles. Este proceso abrió de par en par las puertas a los salones del ejercicio del poder a los dirigentes de las organizaciones obreras a cambio de integrarse y someterse al aparato estatal.
El contraataque de la burguesía
A finales de los años cuarenta, el presidente Aleman buscó desarrollar la economía mexicana a través de la industrialización que se vio favorecida por el fin de la Segunda Guerra Mundial y la creciente demanda de bienes manufacturados en Europa y Estados Unidos. Para ello, se dispuso a dominar a los sectores más radicales del sindicalismo mexicano, particularmente a los sectores influidos por los comunistas. Ejemplo de ello fue la imposición del líder sindical Jesus Diaz de León, conocido como “el Charro”, en la dirección del combativo Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana en 1948. Acontecimiento, por el que después sería popularmente conocido al sindicalismo oficial, el charrismo.
Un año después el charro Joaquín “la Quina” Hernández se haría con la dirección del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, y en 1952 Napoleón Gómez Sada llegó a la dirección del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana. Este último fue recibido por una resistencia de las bases del sindicato de las secciones 14 y 28 de Nueva Rosita y Palau en Coahuila, pero Gomez Sada logró maniobrar para construir una mayoría en la dirección nacional del sindicato.
Así se establecieron los campos de batalla donde se libró la lucha por la democracia sindical y en favor de la clase trabajadora, que en más de una ocasión llevaron a rebeliones de obreros contra las direcciones de sindicatos. La represión armada por parte del Estado a estas no se hizo esperar y personajes como Valentin Campa, Demetrio Vallejo y Hernán Laborde, protagonistas de las resistencias obreras que la clase trabajadora emprendió como respuesta a la imposición oficialista de los charros sindicales, fueron víctimas de esta represión pasando años en Lecumberri. Obreros de importantes secciones de los sindicatos cooptados organizaron importantes huelgas y movilizaciones para evidenciar lo que estaba ocurriendo en el seno de sus organizaciones, pero solo en algunas lograron poner un alto a los charros favorecidos por las autoridades laborales vinculadas al PRI. El resto sólo consiguieron pequeños avances, no por falta de combatividad sino por verse frente a una poderosa alianza entre dirigentes charros, políticos y empresarios que controlaban en gran medida las Juntas de Conciliación y Arbitraje.
La Insurgencia Sindical de los años setenta
A finales de la década de los sesenta y comienzos de los setenta, la economía mexicana comenzó a enfrentar dificultades. Si bien la economía mexicana se había enfrentado a devaluaciones del peso como en 1948 o 1958, a principios de los setenta la economía en México se enfrentó a crecientes dificultades que fueron trasladadas sobre la espalda de las y los trabajadores. Siendo la causa de un creciente malestar entre la clase trabajadora, que dio origen a la movilización y construcción de diversas organizaciones sindicales y políticas en todo el país. O el fortalecimiento de corrientes, como la Tendencia Democrática en el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana dirigida por Rafael Gálvan, que entre 1972 y 1974 encabezó una enorme lucha contra la precariedad y por la democracia sindical conocida por Insurgencia Sindical contra el control antidemocrático de los charros de la CTM. Galván desde los años cuarenta había impulsado luchas entre los trabajadores electricistas contra el control antidemocrático cetemista, siendo un militante trotskista del Partido Obrero Internacionalista.
En el norte del país un grupo de estudiantes se dedicaron a construir una organización maoista llamada Línea de Masas (una escisión de la organización Política Popular) entre los habitantes de colonias populares en Monterrey, Torreón y Monclova. Y para los años setenta, otra excisión de este grupo, denominada Línea Proletaria, impulsó la rebelión obrera que se fraguaba entre los trabajadores de las colonias populares donde tenían presencia. Junto a la Línea Proletaria, organizaciones como el PCM y Frente Auténtico del Trabajo jugaron un papel importante en las luchas en AHMSA y SICARTSA, empresas que junto a FUMOSA pasarían más tarde a ser parte de la paraestatal Siderurgia Mexicana (SIDERMEX).
Fue en este contexto que en 1970, trabajadores de AHMSA de la sección 147 afiliados al SNTMMSRM se reunieron afuera de su local sindical para oponerse a la decisión del Comité Ejecutivo Local de eliminar el convenio de asignación de viviendas para los trabajadores y denunciar la falta de representación democrática por parte de su propio sindicato. Estos serían los primeros pasos para iniciar la conformación de un grupo democrático que respondiera a los intereses de los trabajadores, y los sumaría la rebelión obrera a nivel nacional. Así, en 1976 el grupo conformado por miembros de Línea Proletaria, consolidado como la planilla “Primero de Mayo”, consigue tomar los locales del sindicato y deponen al Comité Ejecutivo Local denunciando sus prácticas corruptas y charras en AHMSA. Para intentar mantener el estallido bajo control, el Comité Ejecutivo Nacional del sindicato llamó a una asamblea extraordinaria y convocó a elecciones. Pero aunque la planilla Primero de Mayo ganó, el CEN no los reconoció como la representación sindical oficial de los 14,000 agremiados de dicha sección. A pesar de esto, lograron recuperar el control de la cooperativa del sindicato e importantes concesiones económicas para los trabajadores, esto significó el triunfo importante de algunas de sus demandas.
Es también entre 1973 y 1980 que la siderúrgica lanza un plan para incrementar la producción de acero. El denominado “Proyecto Fénix” logra la instalación de otra planta de la siderúrgica, la planta 2, y logra aumentar la producción hasta 7.15 millones de toneladas para 1980. Esto representaba el 32% del total nacional. Pero también aumentaría la planilla laboral, y por lo tanto las bases de la insurgencia obrera. Esto propició el eventual estallido de 6 acciones laborales entre 1977 y 1980, que fueron desde huelgas, paros escalonados y “tortuguismo”, las más numerosas de hasta 11,800 y 9,270 trabajadores. Si AHMSA fue en su momento la siderúrgica más productiva del país, a la vez fue también un referente de combatividad de la clase trabajadora mexicana.
La catástrofe capitalista
Desde el estallido de la lucha por la democratización sindical en 1976, los obreros de AHMSA conocieron la voracidad con la que la dirección nacional del SNTMMSRM reprimió la organización de los trabajadores. Para mediados de la década de los ochenta, los trabajadores que se movilizaban ya habían vivido entre balaceras, la quema del Palacio de Justicia, bombazos en asambleas, golpizas, entre otras. “En total son 35 hechos violentos perpetrados por el grupo gomezsadista bajo la impunidad que le da el apoyo de las autoridades locales”, afirmaba Jose Garcia, líder de los siderúrgicos. Los trabajadores que dieron la lucha por mejorar sus condiciones de trabajo habian sido victimas de una enorme campaña de terrorismo sindical en la que muchos perdieron la vida.
Las presiones que emergieron de esta campaña de represión mermaron las fuerzas del sindicalismo democrático y combativo, y ocurrieron una serie de rupturas en la dirección de la Línea Proletaria que habría disputado la dirección nacional del SNTMMSRM hasta ese momento. Los grupos gomezsadistas incurrieron en una serie de movimientos burocráticas como despidos políticos, suspensiones de derechos sindicales y agresiones directas a dirigentes, así como el control de votos en numerosas secciones sindicales más pequeñas para “mayoritear” las decisiones del CEN y aplastar a su oposición. Para 1986, Napoleón Gómez Sada se desharía de los grupos democráticos de AHMSA, FUMOSA y SICARTSA, y recuperó el control del SNTMMSRM que ostentó hasta su fallecimiento en 2001, cuando le heredó este cargo a su hijo.En los años siguientes la rebelión obrera de la década de los setenta fue aplastada en todo el país por los líderes charros. Las consecuencias de este proceso están lejos de haber concluido, con los múltiples escándalos de corrupción que recientemente llevaron a la bancarrota a Altos Hornos de México ( ver Una hoja sin filo: la crisis sindical de AHMSA).
¿Hacia una nueva rebelión obrera?
En los últimos años hemos sido testigos del crecimiento de las luchas de clase trabajadora en respuesta a los múltiples ataques a los trabajadores y a sus condiciones de vida (ver ¡Abran paso, los trabajadores estamos de vuelta!, ¡Reconstruyamos el movimiento obrero en México! ¡Por una organización combativa para las y los trabajadores!). Importantes huelgas como la huelga de trabajadores portuarios y la de Boeing que estallaron recientemente en EUA, y las nuevas olas de huelgas laborales, el resurgimiento de un movimiento sindical democrático y la lucha por la conquista de la reforma laboral de las 40 horas en México auguran nuevas batallas de la clase obrera mexicana.
Si bien la crisis económica de AHMSA en 2023, producto de las mismas políticas que aplastaron al movimiento por la democracia sindical de la década de los setenta, ahora presentan un panorama sombrío para los trabajadores de la siderúrgica, las lecciones de este proceso son invaluables para el movimiento obrero. La clase trabajadora en México y el mundo necesita dotarse de un programa amplio, no sólo para luchar contra los charros y por demandas para mejorar sus condiciones de vida, también necesita luchar por la democracia sindical para conquistar esas demandas. Por ello, no es suficiente luchar por sindicatos con representación democrática de las y los trabajadores, además necesita un proyecto político alternativo, combativo y que pueda disputar el poder a favor de la clase trabajadora. Para evitar que una vez más ocurra lo que decía Marx: “a una media revolución le sigue una contrarrevolución completa”, y que se vuelva a someter a la clase trabajadora a los caprichos de saqueo y explotación capitalista.
Nos solidarizamos con todos los trabajadores de AHMSA que vivieron este proceso y ahora nos prestan sus experiencias, y también a los que ahora viven la crisis de AHMSA producto del saqueo neolibreal. Para el resto de los trabajadores la tarea es clara: reconstruir sindicatos democráticos, redes de solidaridad y partidos independientes que permitan a la clase trabajadora organizarse sin depender de los partidos del poder. Y para todas las personas dispuestas a luchar en contra de la barbarie capitalista y sus burócratas les decimos ¡tenemos un mundo por ganar!



