El Squad se niega a enfrentarse a Biden

Las crisis del año pasado han resaltado la necesidad de tener un cambio radical. Millones de personas en todo el mundo han perdido la vida a causa de una crisis por COVID completamente evitable, los ahorros de toda su vida se han visto mermados y hemos conocido de primera mano las devastadoras consecuencias del cambio climático.

Escrito por Grace Fors, Socialist Alternative (ASI en Estados Unidos).

Al mismo tiempo, hay un gran potencial de organización para ganar las exigencias de la clase trabajadora como Medicare For All, un Green New Deal y un salario mínimo federal de $15 dólares la hora. El poderoso movimiento de protesta Black Lives Matter, junto con el resurgimiento de la organización sindical mostrado en Bessemer y en la actual campaña por el PRO Act, presentan la materia prima para que un nuevo movimiento de lucha tome forma. Biden se ve presionado a demostrar su disposición de hacer un gasto grande y presentarse como un progresista en los derechos de los trabajadores y el clima. La presión pública está surtiendo efecto: Biden se vio obligado a dar marcha atrás en sus planes de mantener el límite de refugiados de Trump debido a las protestas contra esta norma salvaje.

El recientemente ampliado Squad y los senadores progresistas como Bernie Sanders y Ed Markey podrían dar la batalla para conseguir logros duraderos, pero todavía tienen que adoptar una postura real en el Congreso. El liderazgo demócrata está maniobrando para cooptar al Squad bajo la condición de que sean amables y estén de acuerdo con las medidas “bipartidistas”, incrementales y totalmente insuficientes que promueve el establishment. Entre la oportunidad de “Forzar el Voto” para la legislación de Medicare For All, y la oportunidad de exigir la inclusión de un salario mínimo federal de 15 dólares por hora en el paquete de estímulos económicos de Biden, los progresistas y el Squad han dado un paso atrás en luchas que no sólo eran ganables, sino que tenían el poder de movilizar a una gran masa de personas.

Esta falta de confianza que afecta a los progresistas en el Congreso los pone lejos de una posibilidad real de luchar. Los beneficios de su actual enfoque de “mantener la paz” en el Congreso han sido cuestionables en el mejor de los casos, y lo que es peor, les ha costado credibilidad entre muchos de sus partidarios de izquierda. Hay batallas en el horizonte, y el Squad podría desempeñar un papel crucial para ayudar a dirigir las próximas luchas hacia la victoria.

Conseguir lo que realmente necesitamos requerirá una seria determinación y mucha valentía en todos los niveles de la sociedad, desde las calles hasta nuestros lugares de trabajo y en los pasillos del poder. Ahora no es el momento de ser amables.

Si no puedes vencerlos, ¿te unes a ellos?

Las dos campañas presidenciales de Bernie Sanders y las victorias progresistas a nivel federal y local, incluida la sorprendente victoria de Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) en 2018  por sobre el puntero Joe Crowley, son una clara muestra del creciente estado de ánimo de lucha contra el establishment político. En el ámbito electoral, temas prioritarios a los que el Partido Demócrata se ha opuesto históricamente, como un salario mínimo federal de 15 dólares por hora, Medicare For All, un Green New Deal, la abolición del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y la cancelación de la deuda estudiantil, han demostrado el poder que tienen para recaudar fondos, impulsar la participación y ganar elecciones.

AOC ha planteado incansablemente estos puntos al establishment, aconsejándoles que asuman su programa progresista como medio para ganar elecciones. Pero solo la han ignorado. A pesar de ello, no ha renunciado a sus intentos de demostrarle lealtad al partido a cambio de ser escuchada. Como parte de sus esfuerzos, AOC envió dinero para las campañas de varios demócratas en distritos indecisos. Dado que no paga cuotas al Comité de Campaña del Congreso Demócrata (DCCC), comité que financia las campañas del Partido Demócrata para la Cámara de Representantes, estas contribuciones se hicieron directamente en su nombre. Demostrando lo hostil que es el ala conservadora del partido contra los nuevos progresistas, varios demócratas que recibieron estas contribuciones corrieron a los medios de comunicación para denunciar la “indeseable sorpresa”. La asociación con el “envenenado” perfil político de AOC es un estorbo para los elementos e intereses centristas del partido que no quieren tener nada que ver con la política del Squad. Que el Squad siga enterrando sus esfuerzos en la frívola tarea de escalar en las filas del partido podría significar la muerte de un movimiento que lucha por las demandas de los trabajadores.

AOC recaudó 1.1 millones de dólares para su más reciente reelección, más que cualquier otro demócrata de la Cámara de Representantes, y la mayor parte de esa recaudación es procedente de donaciones individuales de menos de 200 dólares. Esta base importante de donantes le da una importante ventaja para luchar contra la política de las grandes empresas. Sin embargo muchos simpatizantes están sorprendidos de que, en lugar de ello, haya transferido dinero para las campañas de los demócratas corporativos -personas que ya en el cargo se convertirían en sus oponentes políticos -, violando los mismos principios que la llevaron a suspender sus cuotas del DCCC en primer lugar. 

Aunque el objetivo declarado del DCCC es hacer campaña contra los republicanos y a favor de una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, también desempeña un papel importante en la marginación de las opiniones de izquierda. Se espera que los demócratas elegidos paguen un mínimo de cientos de miles en “cuotas” al DCCC, además de que se les asignen “objetivos” para recaudar fondos directamente para el Comité. El DCCC tiene una enorme autoridad dentro del partido: su sistema interno de puntos otorga asignaciones a los comités y votos en el pleno para la legislación sobre las contribuciones financieras de los miembros. Bajo la influencia del DCCC, la capacidad de los representantes para tener un impacto no se basa en el electorado que les ha votado, sino en su voluntad de cortejar a los grandes donantes de dinero. Este es sólo uno de los muchos mecanismos antidemocráticos dentro del partido que hará casi imposible que los progresistas “tomen el control”.

¿Cuál es la estrategia del Squad?

Ya hemos advertido repetidamente que todo el peso del establishment cae en el momento en que un candidato progresista asume su escaño. Como la más destacada entre las mujeres jóvenes de color que entraron en la Cámara en 2019, AOC en particular se enfrentó inmediatamente a una guerra de múltiples frentes. La extrema derecha le hizo la guerra con ataques viciosos, racistas y misóginos sin descanso.

Y aun así su propio partido se apresuró a marginarla. Nancy Pelosi no ha desaprovechado la oportunidad de menospreciar públicamente a las miembros del Squad, presentándolas como ingenuas e ineficaces, y más recientemente imitándolas con “voz de bebé” a su biógrafo, diciendo: “¿Ves cuán perfecta soy y cuán pura?”. Si bien claramente el liderazgo del partido no teme hacer el ridículo burlándose con saña del Squad, saben que conseguir que los progresistas se presten a ello a cambio de atenuar el desprestigio sería un resultado más conveniente para ellos.

En los últimos dos años, desde que el Squad entró en la legislatura, el mal menor en torno a Trump y el GOP fue la herramienta clave del establishment demócrata para acabar con la oposición de su izquierda. El DCCC ofreció eliminar su lista negra de progresistas que desafían a los demás miembros del partido, al menos formalmente, a cambio de que los progresistas se alineen detrás de Biden en las elecciones de 2020. Este mensaje de “unidad del partido” ha sido repetido por los propios progresistas, particularmente por Bernie en su papel de sustituto de la campaña de Biden. Vale la pena señalar que personas como Joe Manchin no se colocan en esta categoría de enemigos de la unidad del partido.

Aún tenemos que luchar contra el establishment

Ya que Trump finalmente se fue, los progresistas deberían liberarse de la trampa del mal menor. El Squad le cumplió sus promesas al establishment: jugaron un papel crucial en ayudarle a conseguir la presidencia a Biden, una mayoría demócrata en ambas cámaras, e incluso ganaron un puñado de nuevos legisladores progresistas en la Cámara.

La presencia de las escasas mayorías en ambas cámaras significa que un puñado de progresistas  disidentes podrían frenar las prioridades del establishment. En lugar de utilizar su poder, el Squad está jugando con la táctica de la “zanahoria y el palo” del liderazgo demócrata, mostrando las asignaciones de los comités y la legislación progresista frente a sus ojos, para que por el otro lado las medidas claves sean arrebatadas (particularmente aquellas que beneficiarían a la clase trabajadora).

En diciembre, a AOC se le negó un puesto en el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes, lo cual le habría significado una influencia formal en la política climática y sanitaria. Más tarde, al inicio de la legislatura, AOC y las demás miembros del Squad resistieron a la presión de la izquierda para retener su voto a Pelosi como Portavoz para exigir una votación en el pleno sobre Medicare For All. Desde entonces les han llovido nuevas asignaciones de comisiones. El Caucus Progresista de la Cámara de Representantes decidió votar en bloque en toda la legislación futura. Lejos de dar a gente como AOC, Ilhan Omar y Cori Bush la oportunidad de organizarse juntos para sus demandas, esta nueva regla ata sus votos a la voluntad de los 90 miembros del caucus, la gran mayoría de los cuales no son “progresistas” en ningún sentido real.

Cuanto más terreno ceda el Squad al establishment del partido, más oportunidades se presentan para que la oposición se intensifique y acabe ganando.

Mientras que el Squad considera que ganarse al establishment corporativo es la clave para aprobar la legislación progresista, el establishment ve al Squad como un dolor de cabeza. Esta dinámica ha sido muy dura. La diputada Ilhan Omar habló con cariño a los medios de comunicación de su “tía” Nancy Pelosi. En las primarias, Bernie alabó a su “amigo” Joe Biden, sólo para que Biden destrozara la plataforma de Bernie en las generales y se jactara de haber “vencido al socialista”. Desde que Biden asumió el cargo, Bernie prácticamente ha abandonado el Medicare For All como un plan inmediato, y en su lugar defiende el “Medicare For More” que solo significa la reducción de la edad para poder ser elegido en el programa.

En varias ocasiones, AOC se ha lanzado contra la izquierda en nombre del establishment, desde su firme oposición de “Forzar el Voto”, sus caracterizaciones de los críticos de Biden como “privilegiados” y “actores de mala fe”, hasta su defensa insensible de los campos de concentración de Biden. El hecho de que se sitúe en el ficticio término medio entre los intereses de la élite demócrata y los de los trabajadores no la llevará a ninguna parte. El término medio no existe.

Organizar a las clases trabajadoras, no a los demócratas

Los acontecimientos pondrán a prueba la propuesta de cambio del Squad,  según la cual aceptando las medidas mediocres del establishment se pueden obtener resultados. ¿Cuáles son las implicaciones de este enfoque? Las elecciones de mitad de mandato podrían añadir más representantes progresistas, pero no los suficientes para superar a la mayoría conservadora o para superar el liderazgo de Pelosi, especialmente si los progresistas entrantes no están dispuestos a adoptar una posición de lucha.

Los “Sinemas” y “Manchins” del partido no están llegando a ninguna parte. Tampoco lo harán los combustibles fósiles, las grandes farmacéuticas, Silicon Valley ni el sector inmobiliario, que son sólo algunos de los grandes intereses empresariales que corrompen el partido y contra los que la gente trabajadora está deseando luchar. Al llevar a cabo una lucha dentro de los pasillos del poder sin involucrar a su masa de partidarios, el Squad está dejando pasar su recurso más importante para ganar.

Para vencer a los demócratas corporativos y forzarlos a aceptar las reformas clave, necesitamos protestas masivas, ocupaciones y manifestaciones. En realidad, necesitamos un nuevo partido. AOC tenía razón cuando dijo: “En cualquier otro país, Joe Biden y yo NO estaríamos en el mismo partido”. Tenía razón al destacar lo dicho en el New York Times, que el principal obstáculo para llevar a cabo un programa progresista no eran los votantes de los distritos indecisos, sino la hostilidad de los demócratas. En lugar de intentar en vano mitigar esta hostilidad, ¿cómo puede la izquierda desafiarla de verdad?

Nancy Pelosi ha señalado que AOC y el “público en el mundo de Twitter” no tienen sentido por sí mismos. La propia AOC pareció estar de acuerdo con esto cuando, al preguntársele sobre si montaría un desafío al liderazgo de Pelosi o Schumer, dijo: “Es mucho para ponerlo en una sola persona”. Esto es decepcionante cuando, de hecho, el seguimiento de AOC de los trabajadores y los jóvenes le da un enorme potencial de organización, pero eso es sólo si decide aprovecharlo bien.

El objetivo de AOC no debería ser ganarse el favor de sus “colegas” del liderazgo demócrata como Pelosi, sino exponerlos como adversarios de la clase trabajadora. Si ella adoptara esta postura, y organizara al Squad para hacer lo mismo, cientos de miles de personas la respaldarían. Un nuevo partido de izquierda basado en los intereses de los trabajadores es el modelo ideal para llevar a cabo este curso de acción, y para seguir el modelo de “organizador en jefe” que Bernie ya adelantó. Este modelo no puede dejar pasar ciegamente los errores de AOC sobre los que ha basado sus buenas intenciones ni tajantemente rechazarla por ser una traidora al movimiento. Será necesario organizarse desde abajo.

Pero el papel que el Squad debería tomar es el de ser una advertencia para los candidatos socialistas democráticos de todo el país que se presentan como demócratas, incluso en los ayuntamientos y las legislaturas estatales. Lejos de ser una “línea electoral” neutral, la afiliación al Partido Demócrata tiene consecuencias reales. No basta con rechazar el dinero de las empresas y hacer eco de las demandas de la izquierda. Es necesario, concretamente, marcar una clara oposición al establishment corporativo.

La razón principal por la que las figuras más relevantes de la izquierda están ahora atrapadas entre la espada y la pared, es la ausencia de un partido político centrado en la clase trabajadora. Si los representantes y candidatos progresistas, los sindicatos y las organizaciones de izquierda tomaran medidas para formar un partido independiente, nunca más tendríamos que lidiar con el DCCC. Las donaciones de las bases pertenecerían al movimiento, y las campañas que se apoyarían serían producto de la discusión democrática. Y lo que es más importante, la izquierda podría escapar de su relación abusiva con los demócratas y fijar su mirada en nuestros verdaderos objetivos.

Las Batallas que vienen

Hay  grandes batallas en el horizonte, en donde los progresistas del Congreso tendrán que cambiar drásticamente su estrategia para ganar. Mientras que Biden ha continuado con su “gran gasto” con dos próximos proyectos de ley de infraestructura, debemos tener presente que esto ha sido motivado por la necesidad de evitar el colapso económico total, así como la necesidad de reafirmar los intereses del imperialismo estadounidense a nivel mundial en su lucha para contener el poder del creciente imperialismo chino. De hecho, el proyecto de Ley de Infraestructura de Biden utiliza un enfoque totalmente inadecuado para abordar el inminente desastre climático. Hay límites en el alcance que tiene Biden para aliviar a los trabajadores, y se avecina un inevitable ajuste de cuentas para el que debemos prepararnos.

Esto supone una oportunidad para que los progresistas pongan en evidencia las verdaderas intenciones del establishment y así puedan conseguir verdaderas reformas. Si se pueden gastar billones en salvar al capitalismo, ¿por qué no se pueden gastar billones en sanidad, vivienda y cancelación de la deuda?

AOC, Bernie y Ed Markey han reintroducido la legislación del Green New Deal en forma de dos proyectos de ley, uno para que los pueblos y las ciudades financien proyectos del Green New Deal, y otro que modernizaría y ampliaría las viviendas públicas en todo el país. Es muy positivo ver a los progresistas presentar esto, marcando una distinción entre lo que propone Biden y las medidas que se acercan más a lo que realmente necesitamos. Ahora la pregunta clave es, ¿cómo ganamos?

Será decisivo que no sólo se presenten estos proyectos de ley por separado, lo cual los podría condenar a ser rechazadas de inmediato, sino que también hagan una campaña agresiva para incorporarlos al paquete de infraestructura de Biden. Esto les dará más poder, ya que pueden amenazar con atrasar las prioridades de Biden a menos que el establishment acepte sus demandas. Además se debería de exigir un aumento drástico de los impuestos a las empresas y a los ricos. Bernie ha sugerido un impuesto para las empresas del 35%, frente a la propuesta de Biden del 25 al 28%. Se debería poner formalmente esta exigencia sobre la mesa. Para hacer frente a la amenaza del obstruccionismo de los republicanos, y la insistencia en soluciones “bipartidistas” de los demócratas, debemos retomar métodos como los de 2018, cuando AOC ocupó la oficina de Nancy Pelosi junto al Movimiento Sunrise y el creciente movimiento de las huelgas climáticas para exigir la aprobación del Green New Deal.

Para conseguir un cambio sustancial, la izquierda se debe enfrentar contra los demócratas y los republicanos, y también contra el propio capitalismo. La política progresista es un paso en la dirección correcta para alejarse de décadas de neoliberalismo, pero mientras el sistema sobreviva, la clase multimillonaria tiene innumerables herramientas a su disposición para acabar con las intenciones de la clase trabajadora. Sólo el socialismo presenta una alternativa a la corrupción, la crisis y la podredumbre en el propio corazón del capitalismo lucrativo. Necesitamos urgentemente construir una organización y un liderazgo desde las bases, no sólo para superar los obstáculos que nos esperan, sino que también para abrirle la puerta a un mundo mejor.